Fue mágico, algo raro; ahora entiendo porqué...
En un principio era yo el ejemplo a seguir, no quería serlo, pero de alguna manera me convertí en el motor de su cambio. Recuerdo con una sonrisa en la cara cómo sus planes se desmoronaban en cuanto aparecí.
Él era todo lo contrario, era un cuerpo lleno de vida pero falto de alma. Se pasaba las horas abrazado al único instrumento que logró hacerle sentir lo más parecido a lo que llamamos amor; no conseguía entender cómo o porqué sufría esa dependencia hacia la droga que no quiso dejar y la que tanto nos hizo discutir.
Volvemos a mí, y es que era yo la que mantenía los pies en el suelo, la paciencia que nunca había tenido me caracterizaba a sus ojos. Era el ángel que creyó haber visto caer, era su salvación vestida de complicidad y feeling que le hacía cuestionar el nivel de realidad al que se veía expuesto. Para él, durante un corto tiempo, fui todo lo que nunca había buscado y con lo que le encantó cruzarse. Fui una profesora dispuesta a repetir la lección.
Él abrió su corazón al cielo que nos cubría las distancias, mejoró como persona y dejó salir al niño que tenía dentro. Yo también cambié, pero a peor...
Dejo lo demás para el libro que estoy por empezar este verano, hay mucho que decir y todo el mundo tiene una historia que contar... Ya conoceréis la suya, aún no habéis visto nada para lo mucho que llevo escrito, una pena.
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