lunes, 30 de septiembre de 2013

Por una vez, no quiero hablar de ti. Ni de tu mirada, ni de tu nombre.
Porque creí que te conocía, ¿sabes? Pensaba que ya no me sorprendería nada, pero mírate. 
A lo mejor te conocía, y cambiaste, o fui yo la que cambié. Yo qué sé ya. 
El caso es que anoche no tenía nada que hacer  y pensé en lo que hubiese sido de mí si no te hubiese conocido. Y me dí cuenta de que no me conocía. Sí, supe que durante todo este tiempo me engañaba. ¿Cómo iba a conocerte a ti, si ni siquiera sabía quién era yo?

Yo. Hablemos de mí, por muy poco que te importe.
Soy Laila, tengo 17 años. Escribo, y no puedo dormir sin leer una de Bécquer... ¿y?
No sé si me entiendes, tampoco espero que lo hagas.


No parábamos de repetir una y otra vez lo extraño que era todo cuando trataba de "nosotros"... Estábamos marcando huella en la vida del otro sin darnos cuenta, normal que fuese todo tan raro... ¿No?

Creo que es hora de pasar página, me he dado cuenta de lo mal que se me da querer.

No eres tú lo que echo en falta, en realidad tú no eres más que una parte de mí que aún no conocía.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Olvidé aquello a lo que temía, me alejé de todo a lo que amaba.

Esperaba, ¿a qué? Ni yo misma lo sabía entonces, y ni siquiera sé si lo conozco ahora.
Solo sé que huiste, que quemé tu despedida, y que desde entonces no sé nombrarte sin temblar.


Recuerdo tu aroma -que mezclado con la nicotina de tu último cigarro -quedó impregnado en mi camisa favorita. No he olvidado tampoco la manera en la que tus manos se envolvían a las mías, ni mi sensación al tenerte cerca.

Marcaste huella, tío.

¿Recuerdas?
Ese preciso instante, el último abrazo, que sabiendo de su caducidad ansiaba un segundo eterno.. 


Pero alguien debió susurrarte que los "para siempre" dejaron de existir cuando Romeo decidió morir antes que Julieta.


Debería haberte mencionado lo mucho que odio que me llamen princesa.

Y aún así... ¡Mírame!

Intenté que no te dieses cuenta.
Intenté que vivieses sin saber lo mucho que te recuerdo en las noches de tila y Titanic.
Intento.
Intento olvidarte, pero cuesta.
Intento escribir a otros. Dejarte tranquilo, de verdad que lo intento.
Intento devolverte la sonrisa desde lejos, controlar el impulso de correr hacia tus brazos y fundirme en ellos de la misma manera en la que me derretía al besar tus labios. Pero es imposible.
Morimos en el intento.

Sé que te das cuenta. Sé lo mucho que te divierte observar desde lejos mis malditas ganas de ti. Sé que le susurras a otras al oído, fardando de mi tonta manía de soñar contigo.
También sé que haces lo mismo con todas.

Intento no darle importancia, y a veces lo consigo, pero entonces me envías un mensaje llamándome princesa. Y sin intentarlo, vuelvo a olvidar lo mucho que odio esa palabra cuando eres tú quien la escribe.

martes, 3 de septiembre de 2013

¿Estás leyendo?

Tengo algo que decirte...

Creo recordar que aquella noche todo quedó a medias. Aún tenía preguntas sin responder cuando te despediste.

¿No te duele?
Despedida, suena a drama de telenovela... Y lo fue, o eso creo recordar.

Supuse que lo mejor sería escribirte todo aquello que no querías responder, pero las ganas de hacerlo van desapareciendo en cuanto vuelvo a pensar en tus malditas palabras y en la forma en la que te dedicaste a susurrarlas entre gritos para que la otra no se enterara.
Ahora, déjame hacerte todas aquellas preguntas, ¿puedo?
Sé que no vas a responder de todos modos, así que me lo tomaré como un sí:

¿Eras tú? Creo recordar que una parte de ti, no hace mucho, se enamoró de mí.
¿Lo hiciste? Quiero decir, ¿lo creíste?

Ahora una seria, que no parezca muy empalagosa aunque creo que no podré evitarlo, ahí va: ¿piensas en mí de la misma manera en la que espero que lo hagas? Piénsalo, aunque no vayas a responder.
¿Has vuelto a beber? Sé que sí, pero... ¿Alguna de esas botellas tenía mi nombre?
Hablas y desapareces, me miras y te escondes ¿a que juegas?
Y la última y más importante: Grasz na gitarze?

Perdón...

Sé que prometí que te olvidaría, me juré a mi misma que no volvería a hablar de lo mucho que me gustaba tu nombre, pero soy débil; y él lo sabía. Tan débil como tú lo eras, como lo sigues siendo. 
O eso creo recordar.