sábado, 6 de junio de 2015

Frases de un borracho sobrio; no era alcohol lo que corría por sus venas, sino dolor.
Creo haber conocido a alguien así, ya no recuerdo su nombre.
El borracho nos contaba historias que nunca hubo vivido, como si se supiese el recorrido de los acontecimientos. Nunca supo escoger el camino.
Era un borracho cuerdo, la locura no parecía saciarlo.
Era demasiado inteligente, los libros le aburrían; a menudo nos contaba cuentos.
Aún no sé qué le hacía diferente, sería su forma de cantar al son del silencio, sin ritmo.
El borracho también tenía sus manías: se dejaba la bebida a medias, la tiraba al suelo y la pisaba. Querría deshacerse del pasado, supongo.
Era el hombre que nunca fue niño, un híbrido entre asesino y curandero de su propia alma, la única víctima que sufrió sus daños.

No tenía hijos, tampoco nos habló de una mujer.
"Habrá nacido triste" susurraban las leyendas que buscaban encontrarle sentido a su historia, pero ninguna daba en el clavo. Él, en cambio, siempre apuntaba a la diana, se ganó el corazón de un par de damas que en la vida consiguieron sacarle la sonrisa. "¡Habrá sufrido mal de amores!" gritaban las despechadas.

Yo era la niña que seguía los instintos de la leona que creía ser, pregunté sin pelos en la lengua y el flequillo por los ojos. Obtuve respuestas olvidadas entre una multitud que me miraba con la boca abierta.
 No recuerdo qué tipo de conversación tuvimos, pero sé que fue la última. Desapareció y se fundió en mi memoria, tengo su imagen grabada en la cabeza y su muerte me ha traído un girasol que se esconde ante la Noche.
El sobrio murió borracho de sentimiento, nunca supo vivir. 
Me trajo la única flor que se intimidaría al verme.


No hay comentarios:

Publicar un comentario