sábado, 20 de junio de 2015

Te he tachado de mi bucket list.
Me quedo con el personaje, me he deshecho de la persona. Me quedo con tu recuerdo, dejo a un lado tu presente, paralelo al mío, imposibilitando el cruce, sin probabilidad de choque.
Me quedo con tu aire, quédate tú el oxígeno. Respiro, pero me inspiras... No tengo otra, tampoco la culpa.
Tú en cambio siempre tuviste alguna, no te culpo, pero no me mientas... Ya no puedes, ya no quieres. No te dejo.
Te he bloqueado las promesas, me he quedado con tus disculpas (espero que no te importe). He borrado las conversaciones y he barrido tus notas... No me queda nada a lo que aferrarme mas que los relatos difuminados de estos caóticos poemas sin rima; no sé cómo calificarlos.
Me encuentro en el ojo del huracán en el que la calma asusta, pues augura caos, un caos al que ya no perteneces (no sé si por gracia o por desgracia), he aprendido a discutir con otros.
Eres el protagonista que ha muerto antes de empezar el libro que aún no me he atrevido a escribir, tengo tanto que contar que no encuentro un comienzo que le haga justicia a ese 14 de mayo que no te suena ni te lleva.
No sé donde tengo la originalidad, creo que me la he dejado en tu ciudad, si te la encuentras dile que me llame, que la echo de menos. Mi dignidad sigue conmigo, al menos, pero es una amargada, no me cae bien pero la mantengo cerca... no vaya a ser que la pierda, que dicen que una vez caída ya no se encuentra. La creatividad la tengo encerrada en el cuaderno que ya no toco, huele a ti y me abstengo de escribir... Estoy luchando contra tu sombra.
No sé si te sonará a despedida, pero me he puesto a limpiar el cajón y me he encontrado con la canción que nunca quisiste leer, es en español pero a ti te va más el inglés; vaya excusa más barata me pones antes de desaparecer. No sé si te sonará a despedida, pero yo me tengo que ir... Llego tarde y ya es hora de decidir qué camino me apetece construir, las rocas de este recorrido sin asfalto me han destrozado los pies y el corazón.
Esta noche acunaré a la única fortaleza que me queda; sobrepasaste las murallas a sonrisas y espada, con ello mi alma ha sufrido algunas puñaladas. Mi cuerpo bien, gracias, las cicatrices son internas y supongo que ya no te queda alcohol que echarme en las heridas.
Has dejado de leerme.

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