jueves, 11 de junio de 2015

Historias con síndrome de tormenta de verano

Llega el calor, con él parece llegar la felicidad. Todo va de lujo en las calles, los parques duermen llenos y las heladerías abren... Pero en un minuto, y sin nubes que avisen del mal por venir, se presenta la Tormenta sin carta de invitación. No sólo cae lluvia, también granizo y, de un momento a otro, te tengo al otro lado del tornado. Se nos arrancan las raíces que creíamos aseguradas, caen los frutos de una historia que parecía no tener final... hasta entonces. La furia azota contra las fachadas que acabábamos de colorear y perdemos el pigmento que nos ensució las manos.
El flash parpadeante de los truenos es la única luz que nos ilumina, aún así nos perdemos. Parpadeo y dejas de ser tú, palpo mi alrededor en tu búsqueda, pero no estás. Has dejado de ser tú, te has ido sin una despedida.
Me tenían mal acostumbrada, pensé que todos me darían una explicación antes de partir... pero esta vez solo obtuve silencio, un leído de mala reputación, una hoja en blanco, un "se fue a por tabaco y no volvió". Vaya decepción. Ni siquiera se dignó a regalarme un drama, un empujón, una carrera, una persecución tras la inspiración; no me dejó nada.
Ni una nota en la nevera, ni una sonrisa desganada.

Será mejor así, no tendré recuerdo que borrar... a no ser de que llueva en verano. Esperemos que pase a menudo, pues he perdido a la musa que me daba de comer y estoy pasando hambre de inspiración... Que alguien se apiade de mí, que alguien me dé una historia que contar, que las mías ya están muy quemadas.


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