He aquí el protagonista de todos y cada uno de tus relatos.
Te he echado en falta durante todo este tiempo, ya lo sabes bien, Laila. Pero también conoces mi teoría.
Una vez que algo se rompe, nada vuelve a la normalidad.
Elegí perderte.
Sé lo mucho que te arranca el alma.
Y créeme, te leo. Te leo y me arrancas la vida con cada roce que regalas al papel. Me duele el doble que a ti. Y sí, me atrevo a decirlo, porque tú nunca has estado presente cuando las botellas a las que tanto mencionas me quitaban la sed.
Me has arrancado la vida al entregarme la tuya.
Preferí perderte.
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