Yo la quería.
Empezaba a sentirla, me cautivé en su mirar y se fundió en el mío pero no volví a verla salir.
Ocurrió una noche, cuando se escondió tras el edificio más alto de la ciudad y no dejó más luz que la de las estrellas artificiales. Quedó atrás, reflejada en el cristal del tren con destino a casa donde esta noche tampoco podría dormir.
Nunca más esperé a que sus cráteres volvieran a dispararme.
Luna, siempre ella tan cobarde y protagonista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario