sábado, 6 de diciembre de 2014

Había perdido la fe.
Para mí no existían las almas gemelas, las historias perfectas o los finales felices.
Había pasado por eso, no volvería a decepcionarme. Ya se habían esfumado las falsas expectativas.

Hace unos días hablé con ella de sentimientos.
Fue una conversación extraña, nunca antes había salido el tema. Ella es de hielo, o al menos eso proclama; aunque nunca he logrado creerla. Tiene un alma negra, o eso dice; no me atrevo a contradecir sus teorías.
Somos distintas. Yo siempre risueña, enamoradiza, débil; ella realista, fuerte y objetiva.
Pero seguimos siendo amigas, las mejores. Aunque nunca nos ha gustado etiquetarlo como tal; es mi hermana.

Nos conocemos. La conozco, mucho más allá de aquello que dice ser, yo sé que también -como yo- es débil. Pero eso no lo hizo menos raro cuando me contó.
Me dijo que se había chocado con su alma gemela.
Que después de todo, los sentimientos tampoco estaban tan mal.
Que él había descongelado su alma.
Yo, por aquel entonces, seguía sin entenderlo. Eso no existía, no para mí.  
Pst, películas....




"Me encanta", y no dejaba de repetirlo.

Empecé a creérmelo. Era verdad.
No sé cómo terminé llorando.
Ella se había... ¿enamorado?
¡La corazón de hielo había encontrado a su medio limón!

Me dio una lección:

 Existía.
La persona que me cambiaría la vida; no con la que viviría mejor, pero sí sin la que no podría vivir.

He recuperado la fe.
Existe.
Aquello a lo que otros llamaban amor.
No sé si para mí, pero sí para otros...
Finales felices.

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