Que sigo enamorada, dice. ¡Como si lo hubiese estado antes!
Que para qué te escribo, me reprocha.
Que no me cuesta nada decirle tu nombre, ¿para qué? Pregunto.
Dile, por favor; hazle saber que eres parte de mí.
No me entiende.
Yo ya se lo he repetido tantas veces que ha perdido el significado.
Le he regalado te quieros que no le pertenecían sólo para que cambiase de tema.
Tío, cuéntale que tú y yo somos historia, que nuestra función no llegó a levantar el telón, que se canceló por falta de entradas.
O de viajes.
Tú aquí o yo ahí.
Soy y no sé si estoy
En el centro o en la costa; tirando pal norte o asomada al mediterráneo
No sé qué soy, ni si estoy.
Mis metas rondan por todas partes, y aunque la realidad me acaricie, son los sueños los que me tocan.
Aún así nada. Nunca llegó a comprender ni una sola palabra al leerme; no te creas, tampoco al escucharme, por eso dejé de explicarle.
Quizá hoy se alegre al verse reflejado en las primeras letras que hablan de él, lástima que sean las últimas.
Hay historias que no merecen ser contadas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario