miércoles, 20 de mayo de 2015


No me doy por aludida. Escribes, por primera vez en dos años, pero no es para mí.
No me doy por aludida.Y duele, joder, no sé decir otra cosa.
Ya sé cómo te sentirás cuando deje de publicar para ti, pero no creo que sea capaz de hacerte tanto daño...
No te merezco, es eso, ¿verdad? Ahora me vendrás con la excusa, el pretexto. No te merezco, se supone que no te merezco. El daño, el volver, el irte, el irte para no volver. No me merezco una de tus canciones, tampoco alguno de tus viajes. Ni siquiera me merezco uno de esos tristes 140 caracteres.
Se me olvidaba, ahora hay otra. Yo nunca fui una, tampoco. Pero, ¡leches!

Me tengo que hacer a la idea de que no regresarás, debo concienciarme de que te fuiste para siempre. De que moriré sin verte, de que esta noche me dormiré sin escucharte. Debo de pensar que ya no me quieres, que todo fue mentira y que no existes. Mejor como si no existieses, como siempre haces tú conmigo.
No existí para ti. Solo fui un fantasma que, a veces, te rondaba en busca de inspiración; tú fuiste mi Melinda, y juntos compartimos unas cuantas conversaciones de locos que hasta ahora ningún cuerdo ha conseguido descifrar...
Inventamos nuestro propio código, nuestro lenguaje. Creamos las reglas de un juego que ninguno de los dos ganó. Nos dimos por vencidos antes, mucho antes, de demostrarnos el "amor" (tú lo llamabas así) que pregonábamos a las cuatro paredes, tú a las mías, yo a las tuyas. Pero nunca las de una misma habitación, y nunca estando en la misma cama.

Estoy cansada, estoy harta, estoy agotada, y me pone triste. Escribirte, sí. Siempre.
Siempre la misma historia, siempre es tu guitarra la que pierde cuerdas y, yo la que no encuentra la cordura. Siempre es tu mirada negra y el contraste con mi alma. Siempre es tu voz la única que se oye por aquí y mi escritura la que se murmulla. Una y otra vez, lo de siempre. Debería parar ya, ¿no crees? Tranquilo, no tendré en cuenta tu opinión cuando me lea.
Si fuese por él, habría dejado de escribir hace ya un tiempo. Este link, por estas fechas, habría caducado y el olor papel mojado no inundaría mi salón. Pero no quiero eso, nadie parece entenderme.
Todos afirman conocerme a través de esto, como si estuvieran juzgándome desde dentro.
Que no te quiero. ¡Que se enteren! ¡Que te enteres! ¡Que me entere!
Aún así te hablo, todas las noches, ocasionalmente incluso de día pero eso permanece en mi diario, eso reposa en caligrafía.

No me lo merezco. Mis amigos no paran de repetírmelo. Que me merezco mucho más, como si no me conociesen. ¡Que no quiero merecerme a nadie! No quiero ser de nadie, no quiero vivir para nadie, no quiero escribir a nadie, no quiero rendirme ante nadie. Pero por aquí ando, en una lucha constante, totalmente intencionada. Desde allí  no puedes verme, te ciega la orilla y a mí el horizonte siempre me ha pillado lejos. Es más, supongo que ha habido un mal entendido, no te merezco. Soy yo la que no te merece... Ojalá no me importase. Ojalá no lo creyese así, pero de corazón... No te merezco.

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