Olvidé aquello a lo que temía, me alejé de todo a lo
que amaba.
Esperaba, ¿a qué?
Ni yo misma lo sabía entonces, y ni siquiera sé si lo conozco ahora.
Solo sé que huiste, que quemé tu despedida, y que desde entonces no sé nombrarte sin temblar.
Solo sé que huiste, que quemé tu despedida, y que desde entonces no sé nombrarte sin temblar.
Recuerdo tu aroma -que mezclado con la nicotina de tu
último cigarro -quedó impregnado en mi camisa favorita. No he olvidado tampoco
la manera en la que tus manos se envolvían a las mías, ni mi sensación al
tenerte cerca.
Marcaste huella, tío.
¿Recuerdas?
Ese preciso instante, el último abrazo, que sabiendo de
su caducidad ansiaba un segundo eterno..
Pero alguien debió susurrarte que los "para siempre" dejaron de existir cuando Romeo decidió morir antes que Julieta.
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